Adicción a las nuevas tecnologías

Son las seis de la mañana y Paquita ya se ha levantado. Se lava la cara y enchufa el ordenador. Tiene que alimentar a los animales de su granja (El juego de Farmville del Facebook). Debería preparar los bocadillos de sus hijos, que en unas horas irán al colegio, pero en su cabeza solo tiene una obligación, cuidar a los cerdos y a las gallinas de un mundo irreal.

Es una tarde de invierno. Juan coge el móvil compulsivamente cada cinco minutos, necesita saber si alguien lo ha llamado o le ha mandado un mensaje y le gusta comprobar su correo electrónico y sus redes sociales a través de este. Su amigo está sentado frente a él en una cafetería. Le cuenta qué ha ocurrido a lo largo de la semana. Hace tiempo que no se han visto, pero Juan ni tan siquiera lo escucha. Está demasiado ocupado con el móvil.

Son las cuatro de la mañana y Ana tiene sobre sus piernas su ordenador

Abuso de horas frente al televisor

Abuso de horas frente al televisor

portátil. Hace frío y está entre las sábanas de la cama. Hace meses que no duerme de un tirón. Siente la necesidad de entrar a su cuenta de Twitter cuantas más veces mejor. Necesita estar actualizada, retwittear lo que se dice y comentar lo que no le parece bien.

La noche ha caído, es lunes y Julián está sentado frente a su ordenador. Es hora de jugar con su ‘alianza’, hay retos que solo se consiguen en grupo. Así que de domingo a jueves de diez a doce siempre tiene una cita. Un juego lleno de colores y personajes irreales, aunque todo hay que decirlo, bien trabajados.

Algunas de estas historias tienen parte de realidad y parte de ficción. Los nombres son inventados pero la adicción está presente. Las nuevas tecnologías hacen la vida más sencilla, pero vivir en una época tecnológicamente tan avanzada también tiene sus riesgos. Aunque la adicción a las nuevas tecnologías está presente, aún existe cierta controversia al respecto por no estar reconocida científicamente como tal en la DSM-IV, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Una especie de biblia para el mundo de la psiquiatría, en el que se reflejan los trastornos obsesivos y compulsivos, que generalmente caracterizan a las sociodependencias.

Miriam (nombre ficticio) es la novia de Julián (nombre ficticio). Miriam explica que “entre juegos y entretenimiento le dedica no menos 4 ó 5 horas diarias, a las que hay que añadir 2 o 3 horas más con las prácticas y trabajos de la universidad y alguna más si es día estrenan alguna de las series que ve o decide ver una película. Con lo que puede llegar a estar hasta 10 horas delante del ordenador”. El juego preferido de Julián es el World of Warcraft pero juega a otros también: “League of Legends, Bloodline Champions, y alguno más”- enumera. Pese a que reconoce que pasa demasiado tiempo ante el ordenador confiesa que aunque no tiene una necesidad imperiosa, siempre tiene ganas de sentarse un rato delante del ordenador.

adiccion-a-los-videojuegos1 Su novia explica cómo funciona su alianza: “De domingo a jueves, con horario de 22’00 a 12’30/2’00 – dependiendo del día- su “alianza” (traducido como gente con la juega online) se reúne para conseguir cosas que individualmente no se logran en el juego. Por lo tanto, en las noches entre semana  quedan automáticamente cancelados todos los planes: cine, salir a cenar, quedar con los amigos, “echar” unas cervezas… Principalmente digamos que deja de hacer cosas conmigo, porque durante el fin de semana sí que retoma su vida social, pero no solemos coincidir geográficamente”. Miriam cree que Julián podría parar en cualquier momento, “pero estaría de muy mala leche”- dice entre risas. “Sé que puede dejarlo, porque durante el año hay periodos en los que no juega nada: cuando se va en verano de vacaciones a la casa del pueblo en la que no tiene acceso a internet, o cuando llega la época de exámenes”. “Creo que dedica un tiempo de juego por encima de la media, pero no creo que llegue a ser una adicción. Si bien es cierto, que su personalidad de por sí es un tanto obsesiva, y que cuando empieza algo, sea en la materia que sea, se vuelca en ello a nivel absorbente. Por lo tanto, no creo que sea tanto una adicción al juego, sino un rasgo de su carácter”. En ocasiones es complicado comunicarse con él. “No suele estar disponible en el móvil, ni en el teléfono fijo, ni en las redes sociales… así que en ciertas ocasiones he tenido que entrar al juego para comunicarme con él”. Pese a que ambos creen que Julián no tiene una adicción, sí existe un abuso: “Sin duda debería dedicarle un tiempo menos rígido. Muchas veces he llegado a usar la expresión “él no puede venir, hoy tiene que jugar”, y creo que debería de replantearse si de verdad puede tomarse como un deber algo que realmente no debería pasar de ser un hobby”- concluye Miriam.

Un amigo de Julián, Rodrigo (nombre inventado) dejó el juego (el World of Warcraft) hace mucho tiempo: “No me dejaba hacer otras cosas, Era casi obligación, estabas atado cinco días a la semana por las noches y llega un momento en el que es insostenble”.

Una psicóloga de una UCA, que prefiere preservar su intimidad, comenta que lo que más se está viendo son adolescentes y jóvenes, posiblemente por el acceso y el manejo que tienen a esas nuevas tecnologías. Por ese motivo para comprender el perfil del adicto, ayuda mucho estudiar las etapas evolutivas del adolescente. El desarrollo del yo y la identidad personal del sujeto es una de las características de esta edad complicada, en la que es fácil refugiarse en las nuevas tecnologías para esconderse de los miedos y sentir control sobre los actos que se realizan.

Los factores que influyen son muy diversos y tienen mucho que ver con las20070710182343-adictos1 características psicosociales de los afectados, como comenta Antonio Castaño, psicólogo, experto en adicciones y con un máster en Psicología de la Salud: “ La integración con sus iguales, la accesibilidad y disponibilidad, la comodidad, la aceptación, la presión y estatus social, el realismo y calidad de imágenes, el sonido y los gráficos, la posibilidad de conversar con jugadores de todo el mundo en juegos online, el nivel de participación y manipulación (video-juegos, SMS, Chat), la inmediatez del resultado (Internet, Chat, video-juegos, SMS del móvil), la rapidez de respuesta y activación, el refuerzo intermitente, la economía de la actividad, etc.” Son los factores que influyen en la persona a la hora de desarrollar la dependencia. Y añade: “En cuanto a las características personales, los trastornos más comunes son los de  ansiedad y del estado de ánimo, así como los déficits en autoestima y habilidades sociales, no habiéndose encontrado trastornos de personalidad en los menores afectados”.

Los expertos hablan de distintas formas de tratamiento. Al igual que ocurre con una sustancia, cuando se deja el móvil, el ordenador o la videoconsola, aparece el síndrome de abstinencia que se manifiesta con angustia, ansiedad, nerviosismo e  irritabilidad. Castaño argumenta que va a ser necesario o no hacer prescindir al enfermo del objeto del que depende en función del nivel de su pérdida de control: “Desde luego al comienzo del tratamiento será preciso establecer el denominado control de estímulos y alejar al afectado, no solo de la tecnología en cuestión sino también de las circunstancias que provocan la compulsión a usarla. En los casos menos graves puede ser suficiente con que evite el uso conflictivo”. En cambio Pedro Hubert, psicólogo portugués, especializado en adicción al juego compulsivo y a otras dependencias sin sustacia, opina que el abordaje debe de ser más restrictivo y que para que una persona consiga recuperarse va a ser imprescindible dejar de lado el objeto (móvil, ordenador, videoconsola).

La dependencia al ordenador, como podría ser a cualquier otra nueva tecnología, queda perfectamente ilustrada en la canción de Bad Religion, I love my computer: “El mundo afuera es tan grande, pero es seguro en mi terreno porque para ti soy solo un número y un ingenioso pseudónimo y todo lo que tengo que hacer es clickearte y estaremos juntos toda la eternidad y nadie va a quitarme mi amor porque tengo seguridad, su contraseña y una llave. (The world outside is so big, but it’s save in my domain because to you I’m just a number and a clever screen name all I need to do is click on you and we’ll be together for eternity and no one is ever gonna take my love from me because I’ve got security, her password and a key)”.

Despiece 1: Entrevista a Luis Bononato, de Proyecto Hombre de Cádiz

Despiece 2: Tecnoeduc@. Prevenció y tratamiento de la adicción a las nuevas tecnologías

Hace tiempo que no se han visto, pero Juan ni tan siquiera lo escucha. Está demasiado ocupado con el móvil.

Son las cuatro de la mañana y Ana tiene sobre sus piernas su ordenador portátil. Hace frío y está entre las sábanas de la cama. Hace meses que no duerme de un tirón. Siente la necesidad de entrar a su cuenta de Twitter cuantas más veces mejor. Necesita estar actualizada, retwittear lo que se dice y comentar lo que no le parece bien.

La noche ha caído, es lunes y Julián está sentado frente a su ordenador. Es hora de jugar con su ‘alianza’, hay retos que solo se consiguen en grupo. Así que de domingo a jueves de diez a doce siempre tiene una cita. Un juego lleno de colores y personajes irreales, aunque todo hay que decirlo, bien trabajados.

Algunas de estas historias tienen parte de realidad y parte de ficción. Los nombres son inventados pero la adicción está presente. Las nuevas tecnologías hacen la vida más sencilla, pero vivir en una época tecnológicamente tan avanzada también tiene sus riesgos. Aunque la adicción a las nuevas tecnologías está presente, aún existe cierta controversia al respecto por no estar reconocida científicamente como tal en la DSM-IV, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Una especie de biblia para el mundo de la psiquiatría, en el que se reflejan los trastornos obsesivos y compulsivos, que generalmente caracterizan a las sociodependencias.

Miriam (nombre ficticio) es la novia de Julián (nombre ficticio). Miriam explica que “entre juegos y entretenimiento le dedica no menos 4 ó 5 horas diarias, a las que hay que añadir 2 o 3 horas más con las prácticas y trabajos de la universidad y alguna más si es día estrenan alguna de las series que ve o decide ver una película. Con lo que puede llegar a estar hasta 10 horas delante del ordenador”. El juego preferido de Julián es el World of Warcraft pero juega a otros también: “League of Legends, Bloodline Champions, y alguno más”- enumera. Pese a que reconoce que pasa demasiado tiempo ante el ordenador confiesa que aunque no tiene una necesidad imperiosa, siempre tiene ganas de sentarse un rato delante del ordenador.

 Su novia explica cómo funciona su alianza: “De domingo a jueves, con horario de 22’00 a 12’30/2’00 – dependiendo del día- su “alianza” (traducido como gente con la juega online) se reúne para conseguir cosas que individualmente no se logran en el juego. Por lo tanto, en las noches entre semana  quedan automáticamente cancelados todos los planes: cine, salir a cenar, quedar con los amigos, “echar” unas cervezas… Principalmente digamos que deja de hacer cosas conmigo, porque durante el fin de semana sí que retoma su vida social, pero no solemos coincidir geográficamente”. Miriam cree que Julián podría parar en cualquier momento, “pero estaría de muy mala leche”- dice entre risas. “Sé que puede dejarlo, porque durante el año hay periodos en los que no juega nada: cuando se va en verano de vacaciones a la casa del pueblo en la que no tiene acceso a internet, o cuando llega la época de exámenes”. “Creo que dedica un tiempo de juego por encima de la media, pero no creo que llegue a ser una adicción. Si bien es cierto, que su personalidad de por sí es un tanto obsesiva, y que cuando empieza algo, sea en la materia que sea, se vuelca en ello a nivel absorbente. Por lo tanto, no creo que sea tanto una adicción al juego, sino un rasgo de su carácter”. En ocasiones es complicado comunicarse con él. “No suele estar disponible en el móvil, ni en el teléfono fijo, ni en las redes sociales… así que en ciertas ocasiones he tenido que entrar al juego para comunicarme con él”. Pese a que ambos creen que Julián no tiene una adicción, sí existe un abuso: “Sin duda debería dedicarle un tiempo menos rígido. Muchas veces he llegado a usar la expresión “él no puede venir, hoy tiene que jugar”, y creo que debería de replantearse si de verdad puede tomarse como un deber algo que realmente no debería pasar de ser un hobby”- concluye Miriam.

Un amigo de Julián, Rodrigo (nombre inventado) dejó el juego (el World of Warcraft) hace mucho tiempo: “No me dejaba hacer otras cosas, Era casi obligación, estabas atado cinco días a la semana por las noches y llega un momento en el que es insostenble”.

Una psicóloga de una UCA, que prefiere preservar su intimidad, comenta que lo que más se está viendo son adolescentes y jóvenes, posiblemente por el acceso y el manejo que tienen a esas nuevas tecnologías. Por ese motivo para comprender el perfil del adicto, ayuda mucho estudiar las etapas evolutivas del adolescente. El desarrollo del yo y la identidad personal del sujeto es una de las características de esta edad complicada, en la que es fácil refugiarse en las nuevas tecnologías para esconderse de los miedos y sentir control sobre los actos que se realizan.

Los factores que influyen son muy diversos y tienen mucho que ver con las características psicosociales de los afectados, como comenta Antonio Castaño, psicólogo, experto en adicciones y con un máster en Psicología de la Salud: “ La integración con sus iguales, la accesibilidad y disponibilidad, la comodidad, la aceptación, la presión y estatus social, el realismo y calidad de imágenes, el sonido y los gráficos, la posibilidad de conversar con jugadores de todo el mundo en juegos online, el nivel de participación y manipulación (video-juegos, SMS, Chat), la inmediatez del resultado (Internet, Chat, video-juegos, SMS del móvil), la rapidez de respuesta y activación, el refuerzo intermitente, la economía de la actividad, etc.” Son los factores que influyen en la persona a la hora de desarrollar la dependencia. Y añade: “En cuanto a las características personales, los trastornos más comunes son los de  ansiedad y del estado de ánimo, así como los déficits en autoestima y habilidades sociales, no habiéndose encontrado trastornos de personalidad en los menores afectados”.

Los expertos hablan de distintas formas de tratamiento. Al igual que ocurre con una sustancia, cuando se deja el móvil, el ordenador o la videoconsola, aparece el síndrome de abstinencia que se manifiesta con angustia, ansiedad, nerviosismo e  irritabilidad. Castaño argumenta que va a ser necesario o no hacer prescindir al enfermo del objeto del que depende en función del nivel de su pérdida de control: “Desde luego al comienzo del tratamiento será preciso establecer el denominado control de estímulos y alejar al afectado, no solo de la tecnología en cuestión sino también de las circunstancias que provocan la compulsión a usarla. En los casos menos graves puede ser suficiente con que evite el uso conflictivo”. En cambio Pedro Hubert, psicólogo portugués, especializado en adicción al juego compulsivo y a otras dependencias sin sustacia, opina que el abordaje debe de ser más restrictivo y que para que una persona consiga recuperarse va a ser imprescindible dejar de lado el objeto (móvil, ordenador, videoconsola).

La dependencia al ordenador, como podría ser a cualquier otra nueva tecnología, queda perfectamente ilustrada en la canción de Bad Religion, I love my computer: “El mundo afuera es tan grande, pero es seguro en mi terreno porque para ti soy solo un número y un ingenioso pseudónimo y todo lo que tengo que hacer es clickearte y estaremos juntos toda la eternidad y nadie va a quitarme mi amor porque tengo seguridad, su contraseña y una llave. (The world outside is so big, but it’s save in my domain because to you I’m just a number and a clever screen name all I need to do is click on you and we’ll be together for eternity and no one is ever gonna take my love from me because I’ve got security, her password and a key)”.

Despiece 1: Entrevista a Luis Bononato, de Proyecto Hombre de Cádiz

Despiece 2: Tecnoeduc@. Prevenció y tratamiento de la adicción a las nuevas tecnologías

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Mireia Pascual Mollá
Editora de la Revista InDependientes. Además periodista en gabinete de prensa de Socidrogalcohol y CAARFE. Coordinadora de la campaña #RompeElEstigma. Monitora y periodista en GARA Alcoy. Colaboradora de Radio Alcoy, El Gratis y Hoja del Lunes. Miembro del Instituto de Investigación en Drogodependencias de la UMH y secretaria técnica de la publicación Health and Addictions. Miembro de la Asociación de la Prensa de Alicante y la Asociación Nacional de Informadores de Salud.